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AEROLINEAS ARGENTINAS Y LAS POLÍTICAS DE ESTADO

Adriana Puiggrós *

Enfocar una institución o un problema educativo recortado y descontextualizado del conjunto de problemas sociales, es equivalente a tratar el tema de Aerolíneas Argentinas (AA) como un caso aislado y fomentar el abordaje de los estallidos que se producen como resultado de las políticas neoliberales, sin sustituirlas. Se aísla la cuestión y se ataca técnicamente, con estricta aplicación de las reglas empresariales de la eficiencia y la eficacia. Incluso se llega a sostener cínicamente que la culpa del fracaso es del propio Estado, haya hecho lo que haya hecho, sin reconocer diferencias entre el que regaló al sector privado empresas públicas y servicios educativos y el que trata de recuperarlos. Con tales ideas, a uno no puede ocurrírsele otra cosa que declarar acabada AA, y también irrecuperables las escuelas públicas, los hospitales, el sistema provisional estatal y demás.
Asistimos a una nueva aparición en escena de los intereses del mercado sobre los bienes públicos, que habían extendido las políticas neoliberales de primera generación (desde la época de Tatcher), remendadas por las de segunda generación (con el segundo Bush) y que ahora pueden denominarse políticas neoliberales de tercera generación. ¿No es acaso evidente, dicen, que una empresa en las catastróficas condiciones de AA debe ir a la quiebra?, ¿acaso no hubo demostraciones suficientes de la ineficacia del Estado para administrar, rescatar y hasta para vender organismos e instituciones? En el mismo sentido observan los resultados estadísticos de las pruebas internacionales de educación, donde Argentina ha perdido -por largo- su tradicional lugar y concluyen que el sistema público de educación es una carga que da malos resultados, en lugar de descubrir el resultado de la larga exclusión del pueblo de las políticas educativas.
En ninguno de los dos casos admiten que AA y las escuelas sufren la destrucción neoliberal del sistema de transportes y del sistema escolar y su asalto por parte de un mercado salvaje. Ni que se requieren políticas de Estado que planifiquen el camino de su definitiva recuperación. Los intereses del mercado impiden la percepción sistémica porque se oponen a la articulación de empresas e instituciones como parte del espacio público para evitar el desarrollo de una masa crítica de recursos estatales que tendería a defenderse en su contra. Lo mismo ocurre con la vinculación entre políticas económicas, sociales y culturales regionales: por eso quienes quieren presentar la cuestión de Aerolíneas como un caso aislado, o a la violencia en una escuela como un hecho especial, son los mismos intereses que empujan para que el MERCOSUR se estacione en la forma de una simple feria y que el ALCA se extienda hasta nuestras orillas.


* Presidenta de la comisión de Educación de la HCDN




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